Colombia, elecciones 2026: Paloma Valencia y el liderazgo de las derechas
- Gurú Electoral
- 28 dic 2025
- 3 Min. de lectura

las elecciones y la Derecha Colombiana, hacia la gran consulta
La derecha colombiana entra en una fase clave de definición política con la Gran Consulta prevista para marzo de 2026, un mecanismo diseñado para seleccionar un candidato único de centro-derecha y derecha de cara a la primera vuelta presidencial. El proceso busca reducir la dispersión de candidaturas opositoras, pero llega en un escenario marcado por fragmentación, competencia externa y dudas sobre su alcance real.
Qué es la Gran Consulta y quiénes participan
La Gran Consulta es una consulta interpartidista en la que participarán aspirantes de la derecha y el centro-derecha que aceptaron someterse a ese mecanismo. Entre ellos se encuentra Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, junto a otros dirigentes que buscan representar a ese sector político en la contienda presidencial.
Quedan fuera de este proceso figuras relevantes del espectro opositor, tanto de izquierda como de derecha, que competirán directamente en la primera vuelta. Esto significa que la consulta no ordena todo el tablero electoral, sino únicamente a quienes decidieron participar en ella.
PALOMA VALENCIA Y la derecha COLOMBIANA
Dentro de la Gran Consulta, Paloma Valencia aparece como una de las figuras con mayor respaldo partidario y organización política. Su candidatura representa al uribismo institucional, el único sector de la derecha con una estructura nacional consolidada.
Sin embargo, la competencia no se limita a los nombres que estarán en la papeleta de la consulta. Por fuera del mecanismo, otros aspirantes buscan captar el voto de derecha sin pasar por procesos internos, lo que mantiene la fragmentación del electorado opositor incluso antes de la primera vuelta presidencial.
La percepción ciudadana y las dudas sobre el proceso
En redes sociales, el proceso ha generado comentarios que reflejan tanto expectativa como preocupación. Un usuario colombiano resumió así su visión en X:
“Todo apunta a que @PalomaValenciaL gane la consulta del combo del 1%. Pero nadie sabe qué potestad tiene el ganador de la consulta de elegir su fórmula vicepresidencial. Los votos están atomizados nuevamente. Peligroso.”
El mensaje sintetiza varias inquietudes presentes en el debate público: la baja cohesión del bloque, la incertidumbre sobre las reglas políticas posteriores a la consulta y el riesgo de que el proceso no logre una verdadera concentración del voto.
LA Lucha POR EL LIDERAZGO DE LA DERECHA: Implicaciones para el electorado
Una consulta que no reemplaza la primera vuelta
Para los votantes, la existencia de la Gran Consulta implica que habrá dos momentos decisivos: la consulta de marzo y la primera vuelta presidencial. A diferencia de otros sistemas, ganar la consulta no equivale a pasar automáticamente a una segunda vuelta, sino solo a obtener el respaldo formal de una parte del espectro político.
Persistencia de la fragmentación
El electorado de derecha se enfrentará a un escenario donde:
Algunos candidatos se definen en marzo.
Otros competirán directamente en la primera vuelta.
Esto puede generar confusión y dificultar la coordinación del voto, especialmente entre quienes buscan una opción competitiva frente a la izquierda.
Riesgo de dispersión en la primera vuelta
Si la consulta no logra inducir apoyos posteriores hacia su ganador, el efecto práctico para los votantes podría ser una nueva atomización del voto opositor, reduciendo las posibilidades de que un candidato de derecha llegue fortalecido a una eventual segunda vuelta.
EL DESAFÍO: COORDINAR AL URIBISMO CON LAS OTRAS DERECHAS
La Gran Consulta no debe analizarse como un trámite procedimental ni como un ejercicio simbólico de unidad, sino como un juego de coordinación entre élites políticas que compiten por el mismo espacio ideológico. Su función central es reducir la incertidumbre estratégica: quién debe bajar su candidatura, quién concentra recursos, y quién recibe la señal legítima para enfrentar a adversarios externos.
El dilema para la derecha es que la coordinación es incompleta. Mientras Paloma Valencia y otros aspirantes aceptan someterse al mecanismo (internalizando el costo de perder autonomía) figuras emergentes como Abelardo de la Espriella permanecen fuera, capturando el incentivo clásico del free rider: beneficiarse del ordenamiento ajeno sin asumir sus costos.
Para Paloma Valencia, el desafío no es “ganar” la consulta en términos simbólicos, sino convertir ese resultado en una señal creíble de coordinación ante votantes, financiadores y élites regionales. Si la consulta no logra inducir deserciones posteriores ni transferencias reales de apoyo, su victoria sería formal pero estratégicamente estéril.
En ese sentido, el éxito de la Gran Consulta no se medirá por participación o épica interna, sino por su capacidad de resolver el problema de fragmentación ex ante y disciplinar la competencia ex post. Si no logra ese objetivo, la derecha llegará a la primera vuelta no como bloque coordinado, sino como una suma de proyectos racionales pero colectivamente ineficaces.
@Rafael_Morales
Director Gurú Electoral Consultores







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